Cooperativa Los Constituyentes

Argentina, año 2000. Aprovechando y a la vez fogoneando el contexto de crisis económica social y política, muchas fábricas en Argentina fueron vaciadas y quebradas por sus propios dueños en forma deliberada. Escudándose en inescrupulosas estructuras financieras, declarar la quiebra les producía más ganancias que continuar operando una empresa rentable. Los trabajadores, tras varios meses sin cobrar, se quedarían  sin trabajo y sin indemnización. Al menos, esa era la idea. Los empujaban a formar parte del ejército de desempleados que nutría las calles del país. Pero muchos de aquellos trabajadores tuvieron otra idea acerca de su futuro y se decidieron a ocupar las plantas y  reanudar la producción. El desafío no era sencillo: sin suministros ni dinero para abastecerse, tampoco poseían maquinaria, la cual había sido extraída o arruinada por los dueños en los vaciamientos. Sin embargo contaban con la fuerza de la organización, la experiencia en el trabajo y la ausencia del “costo empresarial” que absorbía la mayor parte de sus ingresos. Tenían el futuro en sus manos. Repararon y pusieron en marcha la maquinaria, consiguieron los suministros que las empresas monopólicas les retaceaban y pelearon para conseguir la expropiación que los haría dueños de su trabajo.

La Cooperativa de Trabajo Los Constituyentes es un ejemplo entre una filigrana de fábricas recuperadas que surgieron al calor de la crisis. La cooperativa metalúrgica es actualmente dueña de la planta y la maquinaria y produce a diario caños estructurales. Sus ochenta trabajadores son socios cooperativistas: perciben el mismo salario, independientemente de las tareas que realizan. Hoy la antigua sala de directorio acumula el polvo que evidencia cuáles son los únicos cargos de los cuales se puede prescindir para que todo siga funcionando como antes o inclusive mejor aun. Porque el trabajo ya no se organiza según escalas jerárquicas que presuponen una patronal enriquecida y operarios pobres. No. El trabajo cooperativo rompe con esa lógica y la transforma en otra. Allí hay autogestión, asambleas y distribución justa de ingresos.
El ensayo fotográfico Futuro recuperado registró a lo largo de todo un año la vida diaria en la planta fabril. Retrata la dedicación al trabajo, los operarios en sus puestos, los descansos, los asados de los viernes, la producción, el vestuario. Recorre los pasillos, se mete en los vestuarios, indaga en las diferentes maquinarias, testigos activos de un camino de lucha y de la concreción de lo que en un comienzo parecía una lejana utopía. Aunque, a diferencia de muchas utopías, esta ilusión fue volviéndose cada vez más palpable. En cada golpe de martillo, en cada ajuste de tuerca, en cada calibración de la maquinaria, cada operario fue tomándole el pulso a su propio tiempo, haciéndose artífice de su propio destino, reapropiándose de un futuro que no es ajeno y que ya no se proyecta como una meta inalcanzable, sino que está ahí, al alcance de todos los que tengan el coraje de compartir un sueño y hacer todo lo posible por materializarlo.

gallery/flickr-logo-png-2

Toque aquí par ver en Flickr

(mejor calidad de imagen)